Esta receta como veran es hiper sencilla, pero se imaginaran como queda...
1) Se prepara con masa de pizza, o una pre-pizza cortada por la mitad
2) Al partirla por la mitad le pones
*Salsa para pizza a las dos mitades (de lado interno...no?)
*Carne en bifes, bien finos
*Queso mozzarella o mantecoso
*Jamon crudo o cocido
*Huevo Frito...
3) Luego la llevas al horno hasta que se dora y se derrite el queso , al
final le agregas lechuga y tomate, mayonesa y mostaza, sal y pimienta a gusto
Este pollo cremoso al pimentón de la Vera es un plato exprés
lejanamente inspirado en el archifamoso plato húngaro del Gulash. De
hecho he tomado la utilización de la nata y la paprika como base para
condimentar este pollo rápido que te saca de situaciones de apuro,
digamos que es un gulash para días perezosos. Con unos pocos
ingredientes de lo más casero, puede confeccionarse este plato sencillo y
suculento.
En vez de utilizar la paprika húngara me he decantado por usar uno de mis condimentos favoritos: el pimentón de la Vera, en este caso “dulce”, cuyo gusto ligeramente ahumado me sirve como toque final
a numerosas recetas aportando al plato un punto entre un poco picante
pero sobre todo, un aroma y sabor personalísimo que sólo se consigue con
este pimentón con denominación de origen.
Ingredientes para 4 personas
500gr de pechuga de pollo deshuesada
un chorrito de aceite
3 dientes de ajo
1/2 pastilla de caldo de pollo
1 cucharada de postre de romero seco
150ml de vino blanco seco
200ml de nata líquida
3/4 cucharada sopera de pimentón de la Vera dulce
sal
pimienta negra recién molida
Cómo hacer el pollo cremoso al pimentón de la Vera
ortamos los solomillos de pechuga de pollo en dados de más o menos
2cm para que el pollo se cueza rápido y nuestra receta sea realmente una
receta exprés. Pelamos y laminamos finamente los ajos. A continuación
colocamos una sartén gruesa en el fuego.
Tiramos un chorrito de aceite y cuando empiece a estar caliente,
empezamos a dorar las láminas de ajo no más que unos segundos cuidando
que no se quemen demasiado. Sólo cuando empiecen a dorarse, echamos los
dados de pollo y lo salteamos todo a fuego fuerte unos 2 o 3 minutos.
Salpimentamos.
Vertemos el vino blanco y reducimos el fuego.Dejamos que se evapore y
se reduzca el alcohol unos 4 minutos. Desmenuzamos la pastilla de caldo
y la mezclamos con el pollo y su jugo. Añadimos la nata líquida y
removemos con la cuchara de madera para que todo se amalgame bien.
Probamos y si hace falta, corregimos de sal y pimienta.
Dejamos cocer unos 5 minutos más y añadimos las hojas secas de
romero. En el último minuto añadimos el pimentón de la Vera dulce, y
apartamos del fuego. Si no es suficientemente fuerte para nuestro gusto,
añadimos media cucharada de postre más del pimentón dulce.
Degustación
El acompañamiento ideal para este pollo cremoso al pimentón de la
Vera sería un timbal de arroz blanco por persona o unas patatas baby al
vapor, pero porque no, para aprovechar toda la salsa de este plato,
también se puede servir con unos tallarines o unas zanahorias al vapor.
Ingredientes:
4 Filetes de lomo de cerdo gruesos.
1 Trozo de 10 cm. de rábano blanco (daikon)
1 Trozo de 6 cm. de jengibre fresco.
Sal
Pimienta negra molida
2 Huevos
Harina
Pan rallado
Aceite vegetal para freír
4 Cucharadas de salsa de ketchup
1 Cucharada se salsa de soja japonesa.
2 Cucharaditas de salsa de Worcester
2 Cucharaditas de mostaza
Preparación:
Pelamos y rayamos el daikon y el rizoma de jengibre, y los mezclamos en un cuenco.
Si los filetes de lomo tienen grasa, les practicamos unas incisiones
para evitar que se curven al freírlos. Los salpimentamos. Batimos los
huevos y disponemos un plato con harina y otro con pan rallado.
Enharinamos los filetes y los sacudimos para desprender la harina
excesiva. Los untamos de huevo batido y los rebozamos de pan rallado.
Calentamos aceite suficiente para cubrir los filetes en una sartén
honda y los freímos de dos en dos, alrededor de siete minutos
volviéndolos con frecuencia, hasta que se doren bien por ambos lados.
Los sacamos de la sartén y los depositamos en papel de cocina absorbente
para que se escurran.
Entretanto preparamos la salsa tonkatsu, mezclando en un tazón la salsa de soja, el ketchup, la mostaza y la salsa de Worcester.
Colocamos los filetes sobre una tabla y los cortamos en tiras de un
dedo de grosor. Las repartimos en cuatro platos y las acompañamos de la
ralladura de jengibre y daikon. Los servimos con unos pequeños cuencos
que contengan la salsa tonkatsu.
Ingredientes (para 4 a 6 personas):
275 gr. de arroz de grano corto.
350 c.c de agua
2 cucharaditas de semillas de sésamo.
50 gr. de salmón ahumado.
2 cucharadas de jengibre encurtido.
2 cebollinos.
Preparación:
Lavamos el arroz hasta que el agua este limpia. Lo ponemos con le
agua en una cacerola sin tapadera y lo llevamos hasta el punto de
ebullición.
Reducimos el fuego al mínimo, lo tapamos y lo dejamos que cueza durante un cuarto de hora, más o menos.
Después, lo retiramos del fuego y dejamos que repose durante veinte minutos.
Aparte, picamos el salmón, los cebollinos y el jengibre encurtido finamente, y después lo mezclamos en un cuenco pequeño.
Ahora hemos de humedecernos las manos y formar una bola con unos 60 gr. de arroz, cuidando de practicar una cavidad con el dedo.
Introducimos un par de cucharaditas de la mezcla de salmón, jengibre
y cebollino, y tapamos el orificio con el arroz del alrededor.
Repetimos el proceso con el resto del arroz cocido y de la mezcla,
teniendo en cuenta que hemos de mojarnos las manos frecuentemente para
evitar que le arroz se nos pegue.
Una vez concluidas las bolas, socarramos las semillas de sésamo en
una sartén, a fuego lento, hasta que empiecen a crepitar, en torno a
cinco minutos, cuidando de agitarlas para evitar que se quemen.
Ponemos las bolas a razón de 2 por comensal, y las aderezamos con las semillas de sésamo tostadas.
Nota: Para que no se nos pegue el arroz a las manos, es mejor poner
en un cuenco agua con un poco de vinagre, y mojarse las manos ahí.
Si querés probar el verdadero sabor del encuentro, toma nota de esta receta y llena tu heladera de birra casera. ¿Probaste hacerla alguna vez? Contanos tu experiencia
ingredientes:
Agua, cebada,
lupulo, levadura. Muchas ganas y paciencia. Bueno, también una olla
grande, una heladera de camping, una licuadora, un termómetro, un
densímetro, un recipiente con tapa, un globo de cumpleaños, un largo
caño de cobre y dos metros de manguera. [u]La
elaboración de cerveza casera no necesita más que esos ingredientes y
utensilios. Nada de kits facilitadores ni de atajos: si querés hacer
cerveza bien artesanal, tenés que arrancar desde el grano.
"Hice fuego", decía el personaje de Tom Hanks en Náufrago, exaltado como un dios doméstico ante la alta fogata que se había mandado frotando dos palitos. [b]¿Estará
muy lejos tal excitación creadora de un hipotético "hice birra",
gritado a voz en cuello por un muchacho harto de que le prefabriquen el
gusto y que se anime a hacer su propio elixir? No,
decimos desde acá, y a continuación te mostramos de forma muy resumida,
y sin complicarte demasiado (podés /debés completar tu educación con
las decenas de sitios web que explican todo en detalle), los pasos
necesarios para arrancar tu carrera como modesto barón de la cerveza.
Paso 1
Maltear la cebada en una olla grande, germinando mínimamente los
granos en agua después de molerlos. Logrado eso, se mezcla la cebada
(ahora sí, malteada) con agua caliente, formando una papilla que debe
mantenerse en el fuego por dos horas, a 65°C. Una vez retirada el agua,
queda el mosto, un líquido denso y dulce.
paso 2
El mosto debe hervirse a borbotones durante una hora y media.
Mientras tanto, se le va agregando, por partes, el lúpulo, ingrediente
que aromatiza y da el amargor deseado a la cerveza. De este proceso
también resulta la esterilización del producto, que evita que el
líquido se llene de bacterias e indeseables, pero no de residuos. Por
eso, finalizado el hervor, debe revolverse con fuerza para facilitar
que esos residuos vayan a parar al fondo de la olla. Y allí se
quedarán: nuestra cerveza será transparente o no será nada.
paso 3
De aquí en adelante, no hay que olvidar algo primordial: el líquido
debe ser tratado sólo con elementos y recipientes desinfectados: no
dejará buen sabor el encuentro con bacterias non gratas. Por eso, y
como hay que enfriarlo sí o sí (rápido, además, que el producto debe ir
de los 100 a los 20°C en el menor tiempo posible), usaremos el método
de serpentina, que consiste en pasar la cerveza por el interior de un
caño de cobre enrollado, enfriado con hielo. Luego se incorpora la
levadura, que debe estar hidratada desde el día anterior.
paso 4
La mezcla de mosto, lúpulo y levadura va a un recipiente para la
fermentación. Esta última convierte los azúcares del mosto en alcohol y
gas. Como no querríamos llamar la atención del vecino (que es lo que
normalmente logran las explosiones), el recipiente se tapa con un globo
pinchado. Así sale aire, pero no entra.
Al líquido le bastará una semana en un lugar fresco y oscuro para
bajar su densidad y, una vez destapado, alumbrar la vista con su color
verde y espumoso. Luego será pasado a otro fermentador (o al mismo,
lavado y desinfectado como corresponde), que deberá ir al frío por otra
semana.
paso 5
Al cabo de esos siete días, nuestra cerveza estará lista para su
embotellado. Completará su maduración una vez encerrada en los queridos
recipientes color ámbar. Le alcanza con 15 días de reposo en la
heladera para lograrlo. Pero ya que esperaste tanto, bancala 30 días
más: nos lo vas a agradecer. ¡Salud!